El puente romano de Villa del Río ocupa un lugar central en el patrimonio de la localidad. El propio Ayuntamiento lo presenta como uno de sus grandes emblemas. Lo incorpora a la imagen institucional del municipio y lo sitúa entre los símbolos más representativos de su historia. No se trata solo de un vestigio antiguo. Se trata de una obra que explica la posición estratégica de Villa del Río en el extremo oriental de Córdoba.

Un origen ligado a la Vía Augusta

La Junta de Andalucía fecha el puente en el Alto Imperio, en época augustea. Lo sitúa sobre el Salado de Porcuna, en el límite entre Córdoba y Jaén. También lo vincula de forma expresa con la Vía Augusta, en el tramo comprendido entre Castulo y Corduba. El Atlas de Andalucía lo incluye entre los puentes de esa gran arteria romana.

Ese dato permite entender su verdadero origen. Roma no levantó este puente para resolver una necesidad menor. Lo construyó para mantener abierto un eje esencial de comunicación. El Atlas andaluz define la Vía Augusta como el eje fundamental de la Bética y subraya su valor para los movimientos militares, el comercio, la burocracia y el correo. El puente nació, por tanto, para garantizar un paso seguro y estable en una ruta decisiva del sur peninsular.

Quién lo construyó

No conocemos el nombre del arquitecto, del taller o del responsable directo de la obra. Las fuentes oficiales no aportan un autor individual. Sí permiten afirmar algo importante: su cronología augustea, su integración en la Vía Augusta y el carácter público de este tipo de infraestructuras. El Atlas de Andalucía señala que las calzadas de mayor valor estratégico se construían a cargo del Estado. Por eso, la atribución más prudente apunta a la administración romana imperial, dentro del programa de comunicaciones de la Bética.

Conviene añadir una matización. La Junta recuerda que algunas singularidades constructivas han llevado a varios especialistas a plantear dudas sobre la total romanidad de toda la fábrica visible hoy. Esa hipótesis propone reconstrucciones de época andalusí sobre cimentaciones romanas seguras. Esa posibilidad no rebaja la importancia del monumento. Al contrario. Refuerza su valor como obra histórica de larga duración.

Cómo es el puente

La Junta describe una construcción esbelta de sillería de piedra molinaza rojiza. Conserva cuatro ojos, con una bóveda central de 9,04 metros de luz y dos desaguaderos junto al arco principal. El conjunto destaca por el almohadillado de los sillares, el engatillado de las dovelas y la singular disposición de los arcos laterales. Esos rasgos explican su interés técnico y su personalidad dentro del conjunto de puentes históricos andaluces.

Su función a lo largo del tiempo

Su primera función fue clara. Debía salvar el cauce y asegurar la continuidad de la Vía Augusta. Por él circularon viajeros, mercancías, mensajes oficiales y efectivos militares. El puente no servía solo a un asentamiento cercano. Servía a una red imperial que articulaba la Bética.

Esa utilidad no terminó con Roma. La Junta indica que el puente pasó después a la red viaria del Califato. Mucho más tarde siguió prestando servicio al tráfico moderno. Por él circuló la carretera de Andalucía hasta 1934. Tras la destrucción del puente nuevo en la Guerra Civil, volvió a entrar en servicio hasta 1965, cuando otro paso lo sustituyó de forma definitiva. Esa continuidad convierte al puente en una infraestructura excepcional. Pocas obras resumen con tanta claridad el paso de los siglos.

El papel del puente en Villa del Río

El puente ayudó a fijar la importancia histórica de Villa del Río como lugar de paso. Las referencias municipales insisten en la relación del enclave con el río y con un pasado antiguo que la historiografía local vincula con Ripa. En ese marco, el puente actuó como puerta oriental de Córdoba y como pieza esencial en la conexión con el territorio jiennense. El Ayuntamiento lo identifica incluso como la “Puerta de Córdoba”.

Su peso simbólico sigue intacto. El Ayuntamiento lo incorpora a la imagen corporativa de la localidad y lo destaca entre los signos más representativos de su historia. Ese detalle no resulta menor. Demuestra que el puente ya no es solo una antigua infraestructura. Es una seña de identidad colectiva. Resume la memoria de Villa del Río, su relación con los caminos y su posición en el valle del Guadalquivir.

Deterioro, restauración y estado actual

El puente ha sufrido reparaciones durante siglos. La Junta señala reposiciones de sillares, obras de ladrillo o mampostería y morteros de distintas épocas. También indica que varias piezas se recolocaron en el siglo XX para suavizar el peralte y facilitar el paso de vehículos. En 1997 una gran crecida derribó los pretiles y agravó la fragilidad del conjunto. Además, varias intervenciones en el cauce empeoraron las condiciones hidráulicas del entorno.

Entre 2016 y 2017 la Consejería de Cultura ejecutó una intervención de consolidación y protección. Reparó sillares y juntas, retiró restos de actuaciones anteriores y actuó sobre el tablero. Aun así, la propia Junta advierte de que la conservación a largo plazo no quedará asegurada mientras no mejoren las condiciones hidráulicas que afectan al puente. Hoy sigue protegido como Bien de Interés Cultural desde 1931 y mantiene todo su valor patrimonial, aunque necesita vigilancia constante y una gestión cuidadosa del entorno.

El puente romano de Villa del Río nació como una obra al servicio de Roma. Después sirvió a otras etapas históricas. Sostuvo caminos medievales. Asumió tráfico moderno. Terminó convertido en un símbolo local. Esa continuidad explica su grandeza. No contemplamos solo un puente antiguo. Contemplamos una pieza que ordenó el territorio, sostuvo la comunicación entre Córdoba y Jaén y dejó una huella profunda en la identidad de Villa del Río. Por eso sigue siendo uno de los monumentos más valiosos y más expresivos del patrimonio villarrense.

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