En la Ribera del Río número 30, bajo los soportales que miran hacia el viejo eje fluvial de El Puerto de Santa María, la Casa palacio del Regidor conserva una historia discreta y poderosa. No destaca por una monumentalidad aparatosa. Lo hace por algo más portuense: por su relación con el río, con el comercio atlántico y con una élite local que mezcló negocios, linaje y poder municipal.
El edificio forma parte del paisaje histórico de una ciudad que el Estado declaró conjunto histórico-artístico por Real Decreto 3038/1980, publicado en el BOE el 28 de enero de 1981. Esa declaración no solo protegía monumentos aislados. También reconocía el valor urbano de calles, casas, patios, plazas y perspectivas que explican la identidad de El Puerto.
Una casa nacida junto al río
La Casa del Regidor ocupa un lugar clave. La Ribera del Río articuló durante siglos el contacto entre la ciudad y el Guadalete. Allí se mezclaban tránsito, comercio, hospedaje, actividad marinera y vida cotidiana. El PEPRICHYE describe la Ribera del Río como una vía con presencia de soportales y con ejemplos tipológicos de “Casa de la Ribera”, sobre todo en el tramo comprendido entre la calle Luja y Puerto Escondido.
La ficha divulgativa municipal de la Fiesta de los Patios sitúa la construcción de la Casa del Regidor a finales del siglo XVII. También destaca su portada neoclásica y la presenta como un prototipo de casa con patio de los siglos XVII y XVIII.
La propia historia publicada por el hotel matiza esa cronología. Indica que la casa ya existía en la primera mitad del siglo XVII, aunque el siglo XVIII le dio buena parte de la configuración arquitectónica que hoy reconocemos. Esa lectura encaja con muchos inmuebles portuenses. Primero surgió la casa vinculada a la actividad mercantil. Después llegaron reformas, ampliaciones y adaptaciones al gusto y a la posición social de sus propietarios.
De cargadores a Indias a casa de poder local
La Casa del Regidor nació como una casa vinculada al mundo de los cargadores a Indias. La web histórica del establecimiento la define como una casa típica de ese grupo mercantil. Este dato resulta esencial. El Puerto no vivió de espaldas al Atlántico. Al contrario. Muchas de sus casas principales hablaron el lenguaje del comercio ultramarino: patios amplios, almacenes, dependencias de servicio, balcones representativos y materiales llegados por las rutas oceánicas.
Las referencias disponibles identifican como primer propietario conocido a don Juan Antonio de la Peña, presbítero y comisario del Santo Oficio de la Inquisición. La historia del hotel señala que la casa perteneció después a don Manuel de Rosales Velasco, hidalgo, caballero de la Orden de Santiago y regidor perpetuo de El Puerto de Santa María. También vincula el nombre actual del establecimiento a este caballero y a su hijo, don Miguel, que ejerció igualmente como regidor.
Betilo, asociación dedicada a la defensa del patrimonio histórico portuense, concreta más esta secuencia. Sitúa la casa en 1707 en manos de don Juan Antonio de la Peña. Después la relaciona con Manuel de Rosales y Velasco, que contrajo matrimonio con doña Josefa de la Peña, hermana del anterior. Betilo lo presenta como un hombre llegado de Cantabria a comienzos del siglo XVIII, dedicado a la exportación de vinos a América y decidido a consolidar su prestigio desde el cabildo municipal.
Manuel de Rosales y Velasco, el regidor que dio nombre a la casa
El nombre popular de la casa no procede de una fantasía romántica. Remite a una función política concreta. Manuel de Rosales y Velasco compró una regiduría en 1731. La Revista de Historia de El Puerto documenta que adquirió a la Corona una regiduría por 22.000 reales el 3 de junio de 1731 y que la ejerció hasta su muerte en 1747. Después, el cargo pasó a su hijo, don Miguel Claudio Rosales Velasco.
Aquel cargo tenía peso. Un regidor perpetuo formaba parte de la oligarquía municipal del Antiguo Régimen. No ocupaba solo un asiento honorífico. Participaba en el gobierno local, en la gestión de intereses urbanos y en la representación de una familia dentro del poder concejil. En una ciudad mercantil como El Puerto, esa posición multiplicaba influencia. Rosales no solo hizo fortuna con el comercio. También buscó presencia institucional.
Por eso la casa importa. No fue una simple residencia. Funcionó como escenario de ascenso social. Unió tres mundos: el Atlántico, la propiedad urbana y el gobierno municipal. En sus muros se lee la aspiración de una familia que quiso transformar riqueza en prestigio.
Una arquitectura de patio, soportal y representación
La Casa del Regidor conserva el esquema de una vivienda histórica portuense con patio. La fachada se integra en los portales de la Ribera. Esa solución no responde solo a un capricho formal. El soportal protegía del sol y de la lluvia, ordenaba el tránsito y creaba una transición entre la calle comercial y la intimidad doméstica.
Betilo describe una fachada interior de soportal con baja y entreplanta, una portada de piedra arenisca almohadillada, una planta principal con tres grandes puertas balconeras y una segunda planta más baja, a modo de ático. También destaca el patio, adosado a la medianera, con arcos de medio punto sobre columnas de mármol. Desde ese patio arranca una escalera amplia, de traza barroca.
Uno de los elementos más valiosos se encuentra en el interior. Betilo cita la ficha del PEPRICHYE y señala los techos de la primera crujía de fachada en la planta principal. Conservan vigas y alfarjías labradas de madera de caoba, probablemente llegada de Indias, con ladrillos finos por tabla. Ese detalle refuerza la lectura atlántica del inmueble. La casa no solo perteneció a comerciantes. También incorporó materiales que hablaban de sus rutas.
Protección patrimonial
El catálogo municipal incluye el inmueble de Ribera del Río 30 dentro del nivel 3, destinado a edificaciones de interés arquitectónico y tipológico. Ese nivel protege la concepción global del edificio, su tipología, composición, elementos generadores, envolventes, ornamentación y parcela. Además, limita las intervenciones que puedan dañar los valores del inmueble.
El mismo documento municipal enumera la “Casa. Ribera del Río 30” dentro de los bienes incluidos en ese nivel. Esta protección encaja con su valor real. La Casa del Regidor no necesita competir con los grandes palacios portuenses. Su importancia reside en la conservación de un tipo arquitectónico. Habla de la ciudad comercial, de la Ribera, de los patios y de una forma de vivir vinculada al río.
De casa de vecinos a hotel con memoria
El inmueble cambió de función con el paso del tiempo. La propia historia del hotel indica que, tras su etapa como casa de cargadores a Indias, funcionó como Hospital de Caridad. Más tarde, desde el siglo XIX, acogió marinos calafates y vecinos. Esa evolución resume bien la historia social de muchas casas principales del casco antiguo: primero residencia de élite, luego edificio de uso compartido, finalmente patrimonio recuperado para nuevos usos.
Betilo señala que la casa abrió como pequeño hotel en 2003, tras un proceso de restauración de dos años. Ese cambio le dio una segunda vida. No la convirtió en museo cerrado. La mantuvo en uso. Y el uso, cuando respeta la arquitectura, ayuda a conservar.
Hoy funciona como Hotel Casa del Regidor, en Ribera del Río 30, con número de registro H-CA-01154 según la información publicada por el propio establecimiento. La Junta de Andalucía también lo recoge en su portal turístico oficial como Hotel Casa del Regidor, con registro H/CA/01154.
Un patio que sigue contando ciudad
Su papel actual no termina en el alojamiento turístico. La Casa del Regidor participa en la lectura cultural del casco histórico. El Ayuntamiento la incluyó en la relación de patios de la XXV Fiesta de los Patios Portuenses, junto a otros inmuebles destacados como el Palacio de Araníbar, Valdeavellano, Oneto o la Casa Palacio de los Leones.
Ese detalle tiene importancia. La casa no solo aloja viajeros. También ayuda a explicar El Puerto a sus propios vecinos. Abre una puerta hacia un modo de construir, habitar y representar que definió la ciudad entre los siglos XVII y XVIII.
La memoria que queda bajo los soportales
La Casa Palacio del Regidor guarda una historia de comercio, poder y adaptación. Nació junto al río cuando el Guadalete conectaba El Puerto con el Atlántico. Creció al calor de los cargadores a Indias. Tomó nombre de Manuel de Rosales y Velasco, regidor perpetuo y hombre de negocios. Después cambió de usos, acogió vecinos y llegó al siglo XXI como hotel.
Su valor no depende de una fachada espectacular. Depende de su autenticidad urbana. Está donde debe estar: en la Ribera. Conserva patio, soportales, memoria mercantil y huellas de una élite local que gobernó desde el cabildo y prosperó desde el comercio. Por eso merece una mirada lenta. Porque en El Puerto, a veces, la historia no grita. Espera bajo un arco.

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