castillo de la villa de martos
castillo de la villa de martos

Martos no se entiende sin su Peña. Tampoco sin el viejo recinto que protegió la villa a sus pies. Allí, sobre el Cerro de la Villa, aún resiste una parte esencial de su memoria medieval: el Castillo de la Villa, también conocido como Fortaleza Baja.

No fue un castillo aislado. Formó parte de un sistema defensivo más amplio. Dialogaba con el Castillo de la Peña, dominaba el caserío y controlaba los caminos de la campiña. Su presencia no responde al azar. Martos ocupaba una posición estratégica. Miraba hacia Jaén, hacia Córdoba y hacia la frontera granadina. Por eso interesó a musulmanes, castellanos y calatravos.

Hoy queda una fortaleza fragmentada. Conserva torres, lienzos de muralla y espacios transformados por el paso del tiempo. Entre todos esos restos destaca la Torre del Homenaje. Es el gran símbolo defensivo del conjunto. También es el mejor punto para comprender la antigua función militar y administrativa de Martos.

Un enclave anterior al castillo

El origen del Castillo de la Villa no empieza en la Edad Media cristiana. El lugar ya tenía valor estratégico mucho antes. La antigua Tucci ocupó este espacio elevado. Desde allí controlaba el territorio cercano y sus comunicaciones.

Durante la etapa islámica, Martos reforzó ese papel defensivo. La población se organizó en torno a una fortificación urbana y al gran castillo de altura situado en la Peña. Las fuentes patrimoniales describen este conjunto como una doble defensa. Por un lado estaba la fortaleza de la Peña. Por otro, el recinto de la villa.

Ese castillo bajo protegía el núcleo habitado. También ofrecía refugio en caso de ataque. No actuaba solo como residencia militar. Su función principal consistía en cerrar, vigilar y defender la ciudad.

La fortaleza islámica debió aprovechar la topografía. El cerro, las pendientes y la cercanía de la Peña ofrecían ventajas naturales. Después, los cristianos no empezaron desde cero. Reformaron lo existente. Añadieron nuevas torres, reforzaron murallas y adaptaron el recinto a las necesidades de la frontera.

Fernando III, Calatrava y la frontera

Martos entró en la órbita castellana en la primera mitad del siglo XIII. Las fuentes sitúan la entrega de la plaza a Fernando III dentro del complejo avance cristiano por el Alto Guadalquivir. Poco después, el rey confió Martos a la Orden de Calatrava.

Ese hecho cambió el destino de la villa. Martos se convirtió en una pieza clave de la Encomienda calatrava. La Orden necesitaba controlar un territorio amplio. También debía proteger una frontera inestable frente al reino nazarí de Granada.

Por eso reforzó sus defensas. La Orden de Calatrava no solo levantó edificios militares. Organizó el territorio. Administró rentas. Vigiló caminos. Aseguró población. El castillo funcionó como centro de poder.

La Torre del Homenaje nació dentro de ese contexto. Las fuentes oficiales atribuyen su construcción a la Orden de Calatrava, en el siglo XIV. No he encontrado una referencia fiable que permita señalar a un maestro de obras concreto ni a un comendador determinado como promotor directo. Conviene decirlo con claridad. La torre responde a una iniciativa calatrava, no a una autoría personal documentada.

La razón fue clara. La Orden necesitaba una torre fuerte, visible y útil. Debía servir como atalaya, como símbolo de autoridad y como sede de gobierno. Desde ella se dominaba la fortaleza y se leía el territorio.

La Torre del Homenaje

La Torre del Homenaje ocupa el lugar más reconocible del Castillo de la Villa. Aún hoy marca la silueta histórica de Martos. No solo destaca por su volumen. También por su función.

Calatrava la levantó para vigilar. Desde su altura se controlaban los accesos, el caserío y buena parte del entorno. También actuó como espacio de representación. Quien dominaba la torre dominaba la fortaleza.

Su planta es cuadrada. Mide unos diez metros por diez metros. Alcanza unos veinticinco metros desde el sótano y unos veintidós sobre el nivel de la calle. Esa proporción explica su potencia visual.

La fábrica combina piedra irregular y sillares más cuidados en las esquinas. Esta solución tenía sentido práctico. Los muros ganaban resistencia. Las aristas soportaban mejor las cargas y los empujes.

La torre organiza su interior en varios niveles. El sótano funcionó como aljibe. Allí se recogía el agua de lluvia que bajaba desde la azotea mediante conducciones cerámicas. Este detalle resulta importante. Una fortaleza necesitaba defenderse, pero también resistir. Sin agua, ninguna guarnición podía sostener un asedio.

La planta baja conserva cubierta abovedada. Desde ella se accede a la planta superior por una escalera estrecha. La estancia principal muestra una solución más cuidada, con cúpula de ladrillo apoyada sobre pechinas. La azotea remata el recorrido. Desde allí, Martos se convierte en un mapa.

Una fortaleza urbana

El Castillo de la Villa no fue solo una torre. El conjunto formó una fortaleza urbana compleja. Ocupó la zona alta del núcleo histórico, en la ladera noroeste de la Peña.

Las fuentes describen varios recintos. En la parte central se situó la fortaleza principal, de planta cuadrangular. Allí destaca la Torre del Homenaje. En el lienzo oriental se encontraba el acceso principal, protegido por la Torre Almedina.

La Torre Almedina cumplía una función esencial. Controlaba la entrada. Protegía el paso. También reforzaba el sistema de vigilancia sobre la villa. No debe entenderse como un elemento aislado. Formaba parte de una red de torres, muros y espacios defensivos.

Hacia el oeste se adosaba un amplio recinto, identificado como plaza de armas. Más tarde se configuró otro espacio defensivo en el extremo oriental de la meseta. El castillo, por tanto, creció y se adaptó. No permaneció fijo.

Dentro del conjunto existieron dependencias útiles para la vida militar y económica. Las fuentes citan caballerizas, almacenes, tahonas, lagares y bodegas. Esto revela una realidad clara. La fortaleza también organizaba recursos. No solo guardaba armas.

Murallas, torres y ciudad

El recinto de la Villa conectaba con la Peña mediante lienzos de muralla. Esa unión protegía el caserío que quedaba entre el castillo bajo, la fortaleza alta y las defensas urbanas. Martos no tenía un único punto fuerte. Tenía un sistema.

De aquella muralla quedan fragmentos. Algunos aparecen como lienzos visibles. Otros se integran en edificaciones, huertos o terrazas. En ciertos puntos, los muros antiguos actúan hoy como contención del terreno. Esta transformación explica por qué el castillo no se percibe como una ruina cerrada y separada. Vive dentro de la ciudad.

El patrimonio defensivo marteño conserva nombres importantes. La Torre del Homenaje, la Torre Almedina, la torre albarrana y el torreón de la calle Real. Los cubos del Baluarte. También la torre-campanario de Santa María de la Villa, vinculada a estructuras defensivas anteriores.

Cada resto cuenta una parte del mismo relato. El castillo defendía. La muralla envolvía. Las torres vigilaban. La ciudad crecía dentro de esa protección.

De fortaleza militar a memoria patrimonial

Durante los siglos XIII, XIV y XV, el Castillo de la Villa tuvo un papel militar y administrativo. Martos actuó como bastión de la Orden de Calatrava en el Alto Guadalquivir. Su posición frente al reino nazarí justificó la fuerza de sus defensas.

Con el final de la frontera, la función militar perdió sentido. La conquista de Granada cambió el equilibrio. La villa inició otros procesos. La economía, la vida urbana y la organización municipal ganaron protagonismo.

En 1489 terminó la etapa de Martos como cabeza de la Orden de Calatrava. La administración pasó a la Corona tras la muerte del último maestre. La antigua fortaleza dejó de ocupar el centro de la vida militar. El tiempo hizo el resto.

Algunas estructuras se aprovecharon. Otras se arruinaron. La ciudad absorbió parte de la muralla. Los antiguos elementos defensivos quedaron mezclados con calles, viviendas, templos y espacios públicos.

En el siglo XVI, Martos vivió una etapa de crecimiento. La transformación urbana afectó también a la zona alta. Las fuentes arqueológicas señalan intervenciones y reformas en la Fortaleza Baja durante ese periodo. El castillo ya no respondía a las mismas necesidades que en la frontera medieval.

El castillo hoy

Hoy el Castillo de la Villa funciona como un lugar de interpretación histórica. La Torre del Homenaje ha recuperado protagonismo gracias a su restauración y musealización. Su interior acoge contenidos dedicados a la historia de Martos, la Edad Media y la Orden de Calatrava.

El visitante no encuentra una fortaleza completa. Encuentra una lectura fragmentada del pasado. Debe mirar la torre, los lienzos y las calles cercanas como partes de un mismo sistema.

La visita a la Torre del Homenaje ayuda a entender esa relación. La planta baja introduce la evolución histórica de Martos. La primera planta se centra en el mundo calatravo. La azotea ofrece una lectura visual del paisaje. Desde allí se comprende por qué la fortaleza nació en este lugar.

El castillo ya no defiende la ciudad. Ahora la explica.

Qué debe mirar el visitante

Conviene empezar por la silueta. La Torre del Homenaje no oculta su intención. Se alza para imponer autoridad. Después hay que buscar los restos de muralla. No siempre aparecen de forma monumental. A veces se esconden en el tejido urbano.

También merece atención la relación con la Peña. La fortaleza baja y la fortaleza alta no formaron dos mundos separados. Funcionaron como piezas complementarias. Una protegía el núcleo urbano. La otra dominaba el territorio desde la altura.

El entorno de Santa María de la Villa completa la lectura. Allí confluyen arquitectura religiosa, memoria defensiva y paisaje urbano. Martos conserva esa mezcla con una fuerza especial.

El Castillo de la Villa no es solo una ruina medieval. Es una clave para entender la historia marteña. Habla de frontera, de poder, de miedo, de organización y de permanencia. Sus piedras recuerdan una época en la que la ciudad necesitaba mirar lejos para sobrevivir.

Hoy, en cambio, Martos mira hacia esas piedras para reconocerse.

castillo de la Villa de Martos
castillo de la Villa de Martos
entrada principal a la fortificación
entrada principal a la fortificación
panorámica de la fortificación marteña
panorámica de la fortificación marteña

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