Caminar por las calles de Martos es, irremediablemente, respirar la historia viva del aceite de oliva. Conocida mundialmente como la «Cuna del Olivar» y ostentando el título de mayor productor de aceite a nivel global, nuestra ciudad es un tapiz tejido con millones de olivos de la variedad picual o marteña. Pero más allá de los campos y de los olivos centenarios que abrazan la Ciudad de la Peña, el verdadero pulso de esta transformación descansa en su arquitectura urbana.
Hoy quiero detenerme en un enclave particular, un rincón por el que quizás has pasado decenas de veces sin conocer su pasado: el número 32 de la actual Avenida de Europa.
De callejeros antiguos a motor industrial
Para entender la magnitud de este edificio, primero debemos viajar un poco en el tiempo y revisar el callejero histórico marteño. Lo que hoy transitamos como la moderna Avenida de Europa, en el pasado figuraba bajo el nombre de Avenida del Teniente General Chamorro Martínez. Fue precisamente en el número 32 de esta arteria donde se alzó un auténtico templo del comercio local: las instalaciones de la Productora y Distribuidora de Aceites S.A.
Esta sociedad anónima no era un simple almacén; representaba el vigor industrial de un Martos que empezaba a mirar hacia el futuro. Dedicada a la fabricación, envasado y venta del preciado oro líquido, la empresa canalizó el esfuerzo de cientos de agricultores locales para transformar el fruto de nuestros campos en un producto de alcance comercial masivo.
El edificio como testigo del Patrimonio Industrial Marteño
El inmueble del número 32 es un testimonio físico de una época de transición vital para Martos. Durante el siglo XX, la ciudad experimentó un salto cualitativo: dejó de ser un municipio de agricultura puramente tradicional para erigirse como un potentísimo referente agroindustrial.
Las paredes de la antigua Productora y Distribuidora de Aceites albergaron el incesante trajín de la molturación y la logística, siendo parte de ese ecosistema de almazaras privadas y cooperativas que sentaron las bases de lo que hoy es nuestro robusto tejido empresarial (cuyo máximo exponente actual es el Polígono Industrial Cañada de la Fuente). Arquitectónicamente, este tipo de instalaciones industriales se diseñaban priorizando la funcionalidad y la capacidad de almacenamiento, pero hoy en día encierran una estética que los expertos catalogan como un incalculable patrimonio preindustrial e industrial.
Un legado inactivo, pero nunca olvidado
En la actualidad, si consultamos los registros oficiales, la Productora y Distribuidora de Aceites S.A. figura como una entidad extinguida. El ruido de la maquinaria ha cesado y el aroma denso de la aceituna recién prensada ya no emana de sus puertas con la intensidad de antaño.
Sin embargo, para los que amamos la historia de Martos, el número 32 de la Avenida de Europa está muy lejos de ser un simple espacio vacío o un negocio inactivo. Es un monumento a la identidad marteña. Nos recuerda que nuestro liderazgo mundial en el sector oleícola no fue fruto del azar, sino del trabajo incansable, de la industrialización pionera y de empresas que, desde el mismo corazón de nuestras avenidas, supieron embotellar el alma de nuestra tierra.
La próxima vez que pasees por la Avenida de Europa y cruces por el número 32, tómate un segundo para mirar el edificio con otros ojos. Detrás de sus fachadas se esconde el esfuerzo de generaciones y el inconfundible rastro del oro líquido que hizo, y sigue haciendo, grande a nuestra ciudad.


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