La Fuente de San Telmo no ocupa hoy el lugar donde nació. El visitante la encuentra dentro del Centro de Conservación de la Biodiversidad Zoobotánico Jerez Alberto Durán. Allí aparece casi como una pieza silenciosa. No llama la atención como los grandes animales del parque. Sin embargo, conserva una historia profunda. Habla del agua. Habla de la ciudad. Habla de un Jerez que durante siglos tuvo sed.
Esta fuente perteneció al antiguo sistema de abastecimiento público de Jerez. Antes de la gran traída de aguas de Tempul, los vecinos dependían de pozos, norias, manantiales cercanos y fuentes públicas. La de San Telmo formó parte de esa red. No nació como adorno. Nació para dar agua. Esa fue su razón de ser.
El Ayuntamiento de Jerez la reconoce como elemento singular protegido dentro del catálogo urbanístico municipal. La ficha la denomina “Fuente de San Telmo”, la sitúa en el Parque Zoo-botánico Alberto Durán y le asigna cronología de 1670. También indica que estuvo en la zona de San Telmo y que llegó a su emplazamiento actual a mediados del siglo XX.
Un origen ligado a la Alcubilla de San Telmo
La fuente estuvo originalmente en la Alcubilla de San Telmo, espacio que hoy podemos relacionar con la Bajada de San Telmo. Allí cumplía una función práctica. Recibía agua procedente del Cerro de los Olivares, cerca de la Cartuja. El Ayuntamiento de Jerez explica que la obra primitiva no tiene fecha documentada conocida. Sí consta una renovación importante en 1670, realizada por Francisco Pazquier, con intervención en la cañería y en la propia estructura.
Este dato obliga a ser prudentes. No conviene atribuir la construcción original a una persona concreta sin respaldo documental. Las fuentes oficiales consultadas no identifican al promotor inicial de la obra primitiva. Sí permiten afirmar que el sistema tenía naturaleza pública y municipal. La documentación histórica recogida en los Anales de Obras Públicas describe la Fuente de San Telmo como propiedad del Ayuntamiento y surtida por el manantial de los Albarizones, próximo a la Cartuja.
Por tanto, su origen debe entenderse dentro de una necesidad colectiva. Jerez necesitaba agua limpia. La ciudad crecía. Sus pozos interiores no bastaban. Muchas aguas tenían mala calidad. El abastecimiento marcaba la vida diaria.
Una fuente para abastecer, no para decorar
La Fuente de San Telmo tuvo un propósito claro: facilitar el suministro de agua a la población. No nació como ornamento urbano. Tampoco como simple hito devocional del barrio. Formó parte de una infraestructura hidráulica que conectaba manantiales, conducciones, depósitos y puntos públicos de recogida.
La documentación histórica resulta muy reveladora. Antes de la llegada de Tempul, Jerez reunía apenas 216 metros cúbicos de agua cada 24 horas entre sus ocho fuentes principales. Esa cantidad equivalía a unos 4,80 litros diarios por habitante. La Fuente de San Telmo aportaba 18 metros cúbicos diarios. La de la Alcubilla aportaba 26. Además, ambas destacaban por ofrecer agua potable, aunque muy caliza, frente a otras fuentes urbanas de peor calidad.
Este dato cambia la mirada. Hoy vemos piedra, historia y silencio. En su tiempo, los vecinos veían supervivencia. Allí llegaban aguadores, caballerías y familias. El agua salía de los caños y entraba en la rutina doméstica. La fuente sostenía una parte de la vida cotidiana.
El entorno de San Telmo y la memoria popular
Las fuentes públicas no solo daban agua. También organizaban la sociabilidad. El Ayuntamiento recuerda que los jerezanos pronto escogieron estos lugares como espacios de paseo, encuentro y festejo. En torno a la Fuente de San Telmo se celebraron incluso carreras de caballos. Algunas salían desde esta fuente y llegaban hasta la Alcubilla del Arroyo. El vencedor recibía 900 reales de vellón y una moña de lujo para el caballo.
Este detalle tiene mucho valor patrimonial. Nos permite imaginar el antiguo paisaje de San Telmo. La fuente no era un elemento aislado. Formaba parte de un borde urbano vivo. A su alrededor convivían agua, tránsito, ocio popular y caminos. El barrio miraba hacia la ciudad, pero también hacia la campiña y los manantiales.
En 1834, el Ayuntamiento, presidido por Francisco Rivero y de la Tixera, acordó enajenar la fuente de dos caños de la calzada de San Telmo y la de cuatro caños de la Alcubilla, con su ermita contigua. Ese episodio muestra un cambio de ciclo. La fuente mantenía valor, pero la ciudad empezaba a transformar su relación con el agua.
La gran ruptura: Tempul y el nuevo abastecimiento
El siglo XIX cambió la historia hidráulica de Jerez. La ciudad llevaba siglos buscando una solución estable para su falta de agua de calidad. El manantial de Tempul acabó por resolver ese problema. El Ayuntamiento recuerda que en 1866 comenzó la construcción del acueducto de Tempul y que la infraestructura se inauguró oficialmente el 16 de julio de 1869. Aquella obra suministró agua a la población mediante ocho fuentes públicas. Entre las potables destacaban San Telmo y Alcubilla.
La traída de Tempul no borró de inmediato la memoria de las fuentes antiguas. Pero sí redujo su papel práctico. El agua empezó a llegar con otra lógica. La ciudad entró en una nueva etapa de abastecimiento. Las fuentes que antes aseguraban la vida diaria pasaron a ocupar un lugar distinto. Dejaron de mandar en el ritmo doméstico. Empezaron a convertirse en patrimonio.
El propio Zoobotánico conserva esa relación con el agua. Sus jardines tienen origen en los antiguos Jardines de Tempul. La página oficial del parque explica que este espacio nació en torno al gran depósito construido en 1869 para abastecer a Jerez. Después, aquel entorno se ajardinó y dejó una masa arbolada que aún distingue al recinto.
Del barrio al Zoobotánico
La Fuente de San Telmo cambió de lugar en el siglo XX. El Ayuntamiento de Jerez afirma que la fuente se trasladó al Zoobotánico en 1969, cuando Jerez contó con la primera red de distribución de agua. La ficha del catálogo municipal también recoge su traslado desde la zona de San Telmo al parque a mediados del siglo XX.
El traslado tuvo una consecuencia doble. Por un lado, la fuente perdió su contexto urbano original. Ya no dialoga con la Bajada de San Telmo. Ya no explica sobre el terreno la antigua relación entre barrio, agua y camino. Por otro lado, el traslado permitió conservar una pieza histórica que quizá habría desaparecido con las reformas urbanas.
Hoy su emplazamiento en el Zoobotánico aporta otra lectura. La fuente convive con un espacio dedicado a la conservación, la educación ambiental y la investigación. El centro actual supera los 70 años de historia y alberga una amplia colección zoológica y botánica. Su discurso gira en torno a la biodiversidad y al respeto por los recursos naturales.
En ese contexto, la Fuente de San Telmo funciona como puente. Une el patrimonio hidráulico con la educación ambiental. Recuerda que el agua no ha sido nunca un recurso menor. Para Jerez, fue una obsesión histórica.
Cómo es la fuente
La ficha municipal describe una fuente formada por un muro rematado por un frontón. Delante aparece un murete bajo que delimita un pequeño recinto. Esta composición sencilla refuerza su carácter funcional. No busca grandilocuencia. Ordena el espacio y señala el punto de agua.
Su valor no reside solo en la forma. Reside en lo que representa. Cada elemento habla de una cultura urbana anterior a la red moderna. Los caños, el muro, el recinto y la inscripción remiten a una ciudad que acudía físicamente al agua. Hoy abrimos un grifo y olvidamos ese recorrido. Antes, el agua exigía desplazamiento, espera y esfuerzo.
La recuperación de 2018
La fuente recuperó protagonismo el 22 de marzo de 2018, Día Mundial del Agua. Ese día, el Ayuntamiento de Jerez y Aquajerez inauguraron su puesta en funcionamiento en el Zoobotánico. Aquajerez limpió la infraestructura y la dotó de un circuito cerrado que permite que el agua vuelva a brotar por el surtidor.
La actuación no devolvió a la fuente su función original de abastecimiento. Tampoco debía hacerlo. Su papel actual es patrimonial y educativo. El agua que brota en circuito cerrado no sacia la sed de una ciudad. Pero activa la memoria. Hace visible una historia que, sin movimiento, quedaría reducida a piedra muda.
Durante aquella jornada, el Ayuntamiento organizó actividades educativas para más de mil escolares. Los talleres trataron el ciclo del agua y la necesidad de no despilfarrar este recurso. La fuente sirvió como símbolo perfecto para ese mensaje.
Qué debe saber el viajero
Quien visite el Zoobotánico de Jerez puede encontrar en la Fuente de San Telmo una parada distinta. No es una pieza monumental en el sentido más evidente. No impresiona por escala. Tampoco pretende competir con la riqueza natural del parque. Su interés nace de la historia.
Conviene mirarla con tres ideas en mente.
Primero, la fuente perteneció al antiguo abastecimiento de Jerez. Su agua procedía del entorno de la Cartuja y de los manantiales que alimentaron durante siglos la ciudad.
Segundo, la obra que hoy conocemos remite a una renovación de 1670, aunque la fuente primitiva pudo tener un origen anterior. Las fuentes oficiales no identifican al constructor inicial.
Tercero, su traslado al Zoobotánico cambió su lectura. Ya no ocupa su lugar original. Pero conserva el recuerdo de un Jerez anterior a Tempul, anterior al agua doméstica moderna y anterior a la comodidad del grifo.
Una pieza pequeña para una historia grande
La Fuente de San Telmo resume una parte esencial de Jerez. La ciudad no solo se explica por sus bodegas, sus iglesias, sus palacios o su flamenco. También se explica por sus infraestructuras. Por sus fuentes. Por sus cañerías. Por sus manantiales. Por sus esfuerzos para llevar agua limpia a la población.
Esta fuente nació para servir. Después perdió utilidad. Más tarde cambió de lugar. Hoy permanece dentro del Zoobotánico como testigo de una necesidad antigua. Su presencia recuerda que el patrimonio no siempre aparece en los grandes monumentos. A veces se esconde en una fuente discreta, junto a un sendero, esperando que alguien vuelva a preguntarse de dónde venía el agua.
Una pequeña galería de fotografías de la fuente




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