actigua fábrica de aceites y jabones
actigua fábrica de aceites y jabones

La antigua fábrica de aceites y jabones de Bobadilla se levantó en Bobadilla Estación, muy cerca del gran ámbito ferroviario que dio sentido al núcleo. Su chimenea y su volumen fabril marcaron pronto el paisaje local. El Archivo Histórico Municipal de Antequera conserva proyectos y planos de obras relacionados con Bobadilla Estación entre 1923 y 1953, y la documentación urbanística posterior confirma que el inmueble siguió ocupando un lugar destacado en la ordenación del entorno.

Un proyecto nacido del aceite y del tren

La cronología más precisa sitúa el arranque del proyecto en 1918. Entonces varios empresarios antequeranos impulsaron la sociedad Fábrica Aceitera Antequerana, S.A. con la intención de moler aceituna y producir aceites corrientes, aceite de orujo, jabón y derivados junto a la estación. El nombre de José García Berdoy aparece en documentación empresarial del Archivo Histórico Municipal entre 1918 y 1926, y un documento oficial de la Denominación de Origen Antequera recuerda que la ciudad contaba por esos años con un potente sector de maquinaria de almazara ligado, entre otros, a la saga de los Luna. Todo apunta a una inversión pensada para unir olivar, industria y ferrocarril.

Qué papel desempeñó en Bobadilla

La fábrica respondió a una lógica territorial muy clara. Buscó recoger aceituna de la zona, transformarla junto a la estación y sacar la producción por tren. Ese planteamiento encajaba con el crecimiento de Bobadilla Estación como enclave de servicios y transporte. Aunque la fábrica no llegó a consolidar una larga trayectoria industrial, sí dejó una huella visual y simbólica muy fuerte en la vida del pueblo.

Del impulso inicial al fracaso

Sin embargo, el negocio no cuajó como sus promotores esperaban. La investigación local más detallada sostiene que el proyecto chocó con problemas de suministro y con fallos constructivos que impidieron una puesta en marcha plena. La documentación oficial abierta conserva mejor el rastro mercantil y urbanístico que el productivo, así que hoy no resulta posible fijar con total seguridad el último año de actividad. Lo que sí puede afirmarse es que la huella societaria sobrevivió mucho más que la vida útil del conjunto, porque el BOE aún incluyó a Aceitera Antequerana, S.A. en una resolución de revocación de NIF publicada en 2018, con acuerdo registral de noviembre de 2017.

El cierre y la larga ruina

A falta de un expediente oficial abierto que marque una fecha exacta de cierre, lo más prudente consiste en hablar de una pérdida temprana de función industrial y de una ruina prolongada. En marzo de 2016, la Policía Local y los Bomberos actuaron en el recinto por peligro real de derrumbe. Poco después, la Junta de Gobierno Local de Antequera inadmitió la solicitud de licencia municipal de obras mayor para derribar las ruinas existentes en el polígono 94, parcela 28, en Bobadilla Estación. Ese acuerdo muestra con claridad que el edificio había dejado atrás su papel fabril y se había convertido en un problema de seguridad y conservación.

Un símbolo patrimonial para la localidad

Ahí aparece su papel más duradero. La fábrica dejó de producir hace mucho, pero nunca salió de la memoria colectiva de Bobadilla. En 2016, la vecindad y varias asociaciones se movilizaron para evitar su derribo. Al mismo tiempo, el planeamiento de Antequera seguía reservando en Bobadilla Estación un sistema general de equipamiento para usos múltiples, y la aprobación parcial del PGOU en 2010 dejó determinaciones suspendidas que condicionaron la evolución urbanística del ámbito. La antigua fábrica pasó así de ser una promesa industrial a convertirse en un emblema patrimonial y vecinal.

La antigua fábrica de aceites y jabones de Bobadilla nació como una apuesta ambiciosa. Quiso aprovechar la producción olivarera del entorno y la ventaja logística del ferrocarril. No alcanzó ese objetivo. Aun así, su presencia transformó el paisaje y el recuerdo del pueblo. Hoy ya no explica la economía local. Explica algo distinto y muy valioso: la memoria de un intento de industrialización que acabó convertido en seña de identidad.

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