Bienvenidos a un nuevo paseo por la historia de Martos. Hoy abrimos el baúl de los recuerdos para viajar al corazón de la conocida popularmente como «Ciudad de la Peña». Las fotografías en blanco y negro nos regalan una mirada directa a la vida cotidiana de nuestros antepasados. Esta villa atesora un pasado milenario impresionante. Los antiguos pobladores íberos fundaron el primer asentamiento con el nombre de Tucci. Tiempo después, los romanos transformaron este lugar en la próspera Colonia Augusta Gemella Tuccitana. Nuestra majestuosa Peña alcanza los mil tres metros de altitud. Este impresionante accidente geográfico protegió siempre el desarrollo humano a sus faldas. Observamos en estas imágenes históricas el urbanismo antiguo, la moda de la época y las costumbres genuinas de sus gentes.
Entre la tradición y la modernidad
El casco histórico de Martos ostenta en la actualidad la categoría de Bien de Interés Cultural. Las calles empinadas guardan la memoria intacta de una época de gran transición. El municipio defiende con orgullo su título de «cuna del olivar». La economía local y las tradiciones giraban en torno a esta enorme riqueza agrícola. El trabajo constante ligado a la tierra marcaba la vida de muchas familias. Sin embargo, las imágenes nos muestran también pequeños y fascinantes destellos de progreso. Los primitivos vehículos de motor y los modernos carteles comerciales irrumpían tímidamente en el paisaje urbano tradicional. Exploraremos juntos cómo estas calles estrechas y serpenteantes cobijaban el día a día de los marteños en el pasado.
El corazón de la vida social
La vida social marteña giraba en torno a puntos de encuentro muy definidos. Una de las imágenes nos muestra un elegante pabellón acristalado con estructura de hierro. Este lugar funcionaba como espacio de reunión y ocio para los vecinos. Vemos a grupos de hombres, muchos de ellos con traje y sombrero, conversando animadamente al aire libre. Un vehículo de motor antiguo asoma en el margen izquierdo, aportando un toque de modernidad incipiente. Una gran fuente de piedra refresca el ambiente en el primer plano de la plaza. En estos espacios, los ciudadanos forjaban amistades, cerraban tratos y debatían los asuntos del pueblo.
Calles empedradas y comercio local
Caminamos ahora por las callejuelas estrechas y empinadas del municipio. El suelo empedrado marcaba el paso constante de los carros y de los transeúntes. Las robustas casas de fachadas encaladas exhiben hermosos balcones de forja. En una esquina, un cartel comercial moderno sorprende al espectador. El letrero anuncia productos de la marca fotográfica «Kodak». Esto demuestra cómo los avances tecnológicos llegaban poco a poco a los comercios de Martos. Multitud de vecinos transitan por la vía; los niños corretean, las mujeres visten faldas largas y oscuras, y los hombres usan boinas tradicionales.
La grandeza de nuestros monumentos
La arquitectura monumental siempre definió el paisaje urbano tuccitano. En una plaza amplia, destaca la imponente presencia de la Fuente Nueva. Esta joya renacentista luce sus escudos heráldicos tallados en piedra con enorme orgullo. Los vecinos acudían hasta allí para abastecerse de agua junto a sus animales de carga. Vemos caballos y mulos descansando pacíficamente junto al monumento histórico. Otra instantánea revela un carro tradicional cubierto, tirado por un animal, circulando por el centro de la villa. Al fondo de esta misma escena, la silueta inconfundible del campanario de la iglesia vigila la ciudad desde las alturas.
El entorno natural bajo la Peña
La naturaleza y la geografía abrazan la esencia de Martos. Las vistas panorámicas muestran el caserío blanco trepando valientemente por la falda de la montaña. La majestuosa Peña protege el municipio, dominando el horizonte. Unos árboles sin hojas enmarcan este paisaje invernal y nostálgico. La orografía también jugaba un papel crucial en la vida diaria. Multitud de marteños se congregan cerca de un cauce seco y escarpado, cruzado por un sólido puente de piedra. Un gran edificio blanco de tres plantas y múltiples ventanas preside este rincón tan pintoresco. La vida comunitaria fluía en cada plaza, cuesta y rincón de esta histórica ciudad andaluza.
Un recorrido visual por nuestras estampas
Iniciamos este paseo con la primera imagen imagen. Aquí observamos una plaza céntrica con un elegante pabellón de hierro, un vehículo antiguo y un surtidor de combustible.
A su lado, la segunda fotografía regala una vista espléndida. Un paseo arbolado dirige nuestra mirada hacia las casas encaladas que trepan por la falda de la Peña.
Por su parte, la tercera fotografía ilustra una empinada calle adoquinada. Un moderno cartel comercial de «Kodak» sorprende en la vía, demostrando la llegada de los nuevos avances al municipio.
La cuarta fotografía refleja el tránsito constante en otra cuesta empedrada. Vemos a varias mujeres vistiendo ropas oscuras tradicionales junto a las antiguas fachadas.
Continuamos con la quinta fotografía. Esta estampa captura una amplia plaza donde un carro cubierto aguarda pacientemente. Al fondo, la imponente torre del campanario de la iglesia domina el perfil urbano.
Después, la sexta fotografía revela un sólido puente de piedra cruzando el cauce de un arroyo. Una multitud se congrega frente a un gran edificio blanco, mostrando la intensa vida social en las calles.
Para cerrar, admiramos la última fotografía. Esta obra retrata el Pilar de la Fuente Nueva, una joya monumental del manierismo andaluz diseñada por Francisco del Castillo. Apreciamos su relieve en piedra y el águila imperial que decora este monumento histórico.







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