La plaza del Mercado ocupa uno de los lugares más evocadores del Jerez intramuros. No se trata de una plaza cualquiera. El Ayuntamiento de Jerez la identifica con el antiguo zoco o mercado árabe y recuerda que, durante la Edad Media, funcionó como centro urbano y señorial de la ciudad. Hoy reúne algunos hitos esenciales del barrio de San Mateo: el Museo Arqueológico, el palacio de Riquelme, la iglesia de San Mateo y un caserío que conserva la memoria de la ciudad antigua.
En medio de ese escenario aparece la fuente renacentista de la plaza del Mercado. Su presencia parece natural, como si siempre hubiese pertenecido a este lugar. Sin embargo, su historia resulta más compleja. La fuente llegó a la plaza en 1981, durante una remodelación y ornamentación del espacio. Antes se encontraba en el jardín trasero del Recreo del Retiro, una finca que Luis Ysasi Lacoste donó al Ayuntamiento de Jerez el 23 de diciembre de 1902, con la condición de que aquel espacio mantuviera un uso público.
La pieza no nació para la plaza del Mercado. Las fuentes oficiales consultadas no permiten fijar con seguridad su emplazamiento original. El estudio del Museo Arqueológico Municipal, dentro del ciclo “La pieza del mes”, la data por sus características en el siglo XVI, pero reconoce que no existen datos fiables que permitan confirmar su verdadero origen.
Una obra del siglo XVI, pero sin autor documentado
La fuente presenta una cronología renacentista. El Museo Arqueológico Municipal la sitúa en el siglo XVI y la describe como una pieza de mármol blanco de gran calidad artística. Tiene un vaso o mar de planta polilobulada. Alterna lados rectos y curvos. En los lados planos aparecen máscaras. En los lados curvos se desarrollan acanaladuras a modo de venera, junto con sartas decorativas. En el centro se levanta un pilar con cuatro delfines, de cuyas bocas salen los surtidores.
El Ayuntamiento de Jerez también destaca su fuerte influencia italiana. Según la nota municipal sobre la ponencia de Antonio Aguayo Cobo, resulta muy posible que la pieza saliera de un taller italiano y llegara a Jerez como parte de los elementos decorativos que ennoblecían los palacios de la nobleza local. Esa hipótesis encaja con el ambiente cultural del siglo XVI, cuando las élites jerezanas adoptaron gustos humanistas y modelos procedentes de Italia.
No consta, en cambio, el nombre del diseñador o escultor. Tampoco consta el promotor original. Por tanto, no conviene atribuirla a un artista concreto. La documentación disponible permite hablar de una fuente renacentista, de probable influencia italiana y quizá vinculada a un espacio noble jerezano. Pero no permite afirmar quién la encargó ni quién la talló.
La hipótesis del palacio de Ponce de León
Durante años se planteó una posible relación con la Cartuja de Santa María de la Defensión. El estudio del Museo recuerda una cita sobre el prior Bruno de Hariza, quien entre 1534 y 1537 mandó traer una pila, una fuente y cuatro mármoles de Génova para el claustro chico de la Cartuja. Sin embargo, el propio análisis descarta que la fuente actual de la plaza del Mercado sea aquella pieza cartujana. La fuente que el Ayuntamiento adquirió tras la desamortización y reclamó en 1841 corresponde a otra obra, realizada en el siglo XVIII por Torcuato Cayón.
El estudio propone buscar el origen de la fuente actual en otra edificación jerezana del siglo XVI. Ahí cobra fuerza una hipótesis: el palacio de Ponce de León. Luis Ysasi Lacoste, propietario del Recreo del Retiro, también poseía ese palacio, que donó al Ayuntamiento en 1897 para uso educativo. Su madre, Juana de Dios Lacoste, había entregado en 1884 piezas procedentes del patio del palacio al Depósito Arqueológico Municipal. Antonio Aguayo plantea que, durante una posible reforma del patio para adaptarlo a la función docente, la familia pudo desmontar la fuente y trasladarla al Recreo del Retiro.
Conviene insistir en el matiz. Esta hipótesis resulta coherente. Pero no equivale a una certeza documental. La procedencia oficial sigue figurando como desconocida. El propio documento del Museo resume la trayectoria conocida con prudencia: procedencia desconocida; estuvo en el parque del Retiro hasta su instalación en 1981 en la plaza del Mercado.
Propósito y función de la fuente
La fuente cumplió, ante todo, una función ornamental y simbólica. En su ubicación actual, el proyecto de 1981 la utilizó para presidir y ennoblecer la plaza del Mercado. El Ayuntamiento la incorporó a un espacio de enorme carga histórica, delante del Museo Arqueológico y cerca del palacio de Riquelme.
Su función original probablemente también tuvo carácter monumental. No hay pruebas de que naciera como fuente de abastecimiento público. Su material, su programa decorativo y su posible procedencia palaciega apuntan a una pieza pensada para un patio, jardín o espacio representativo. En ese contexto, el agua no solo refrescaba o embellecía. También transmitía prestigio, cultura visual y sentido religioso.
La iconografía refuerza esta lectura. Las cuatro máscaras de los lados rectos se han interpretado como alusiones a los cuatro temperamentos: flemático, sanguíneo, melancólico y colérico. Los delfines del centro poseen un valor simbólico asociado a la salvación. El agua remite al bautismo y al poder regenerador. Según el estudio del Museo, la fuente recuerda la condición caduca e imperfecta del ser humano y, al mismo tiempo, la esperanza de salvación.
Por eso la fuente no debe verse solo como un elemento decorativo. Resume una forma de entender el arte en el Renacimiento. Une belleza, agua, mármol, naturaleza, moral y religión. Su lenguaje pertenece a una cultura que leía los objetos como signos. Nada aparecía colocado al azar.
Una pieza patrimonial en un lugar estratégico
La ubicación actual potencia su valor urbano. La plaza del Mercado no solo conserva memoria islámica y medieval. También articula un paisaje monumental donde dialogan el Museo Arqueológico, la iglesia de San Mateo y el palacio de Riquelme. Turismo de Jerez recuerda que el Museo Arqueológico ocupa esta plaza y conserva piezas procedentes de yacimientos neolíticos, fenicios y romanos del término municipal, entre ellas el conocido casco griego del siglo VII a. C.
La fuente actúa como bisagra visual entre ese pasado arqueológico y la memoria nobiliaria del entorno. No nació allí, pero hoy ayuda a leer la plaza como un espacio de continuidad histórica. Su presencia suaviza la piedra, ordena la mirada y ofrece un punto de reposo en uno de los rincones más antiguos de Jerez.
Conservación y puesta en valor
El estudio del Museo Arqueológico advertía ya en 2016 del deterioro de la fuente por vandalismo e incuria. También reclamaba su conservación, restauración y puesta en funcionamiento, junto a una labor de educación patrimonial que ayudara a la ciudadanía a comprender su valor.
La reciente reordenación de la plaza del Mercado forma parte de una estrategia municipal para revitalizar el barrio de San Mateo y poner en valor el centro histórico. El proyecto anunciado por el Ayuntamiento contemplaba una actuación integral en la plaza, con prioridad peatonal, nueva pavimentación, más arbolado y renovación de servicios básicos.
La fuente merece ocupar un lugar central en esa recuperación. No por tamaño, sino por significado. Representa un patrimonio frágil. También representa una historia incompleta. Sabemos que llegó a la plaza en 1981. Sabemos que antes estuvo en el Retiro. Sabemos que procede del siglo XVI. Sabemos que posee una notable influencia italiana. Pero aún ignoramos quién la encargó, quién la diseñó y dónde se colocó por primera vez.
Esa falta de certezas no le resta interés. Al contrario. La convierte en una pieza abierta a la investigación. La fuente de la plaza del Mercado nos recuerda que el patrimonio no siempre entrega respuestas cerradas. A veces conserva preguntas. Y esas preguntas también forman parte de la historia de Jerez.




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