reflexión sobre los acontecimientos ocurridos en Sevilla Santa Justa
reflexión sobre los acontecimientos ocurridos en Sevilla Santa Justa

Llevamos unos cuantos días abriendo la actualidad a cuenta de la desaparición y posterior fallecimiento de un joven cordobés.

Lo único que parece que queda ya no es otra cosa que transmitir el pésame a una familia que, de seguro, estará pasando momentos muy difíciles con su duelo.

Durante estos días transcurridos, en la televisión y las redes sociales se han visto desbordadas por un cúmulo de bulos, sensacionalismo, medias verdades y especulaciones de todo tipo. Probablemente muchos de estos esfuerzos por informar fueran bienintencionados, tan solo un intento por hacer un seguimiento de la noticia. En los más, apenas un afán de protagonismo sin responsabilidad alguna.

Una de las afirmaciones más repetidas en estos canales ha sido la falta de humanidad y la de proporcionarle ayuda a este joven. Vivimos en un mundo que está muy lejos de ser ideal. Mi experiencia vital es que hay toda clase de pillos y estafadores que aspiran a vivir del cuento y que, por desgracia, sus actuaciones son muy creíbles. El desengaño repetido nos lleva en ocasiones a desconfiar. Tampoco creo justo volcar la frustración que nos producen los acontecimientos sobre el personal de la estación o de la policía. Pienso que ellos están vueltas de todo y ya habrán experimentado como en más de una ocasión como se les ha tratado de engañar. Simplemente, cumplen con su trabajo.

Realmente es muy lamentable lo sucedido, sobre todo cuando se ha visto truncada la vida de un chaval tan joven. Pero, a riesgo de que esta opinión resulte impopular, el único responsable de lo sucedido ha sido la propia víctima. Una cadena de malas decisiones, al final, le ha costado la vida. No considero que ahora sea el momento de ensañarse con esta cuestión, pero hay que aceptar la realidad tal y como es, asumir los errores propios y no buscar cabezas de turco con los que evadirnos de nuestra responsabilidad.

En la vida nos encontraremos con situaciones difíciles. Pero, aunque parezca obvio lo que voy a decir, hay que actuar con sentido común y evitar cualquier situación de riesgo, tanto para nuestra persona como para terceros. Evaluar el problema y de entre las opciones que tengamos escoger la menos mala. Subirse al techo de un tren estacionado en una vía muerta y al lado de unas catenarias, no parece la elección más inteligente, por mucha necesidad que tengamos de regresar a nuestro destino.

Iniciar un viaje, sobre todo si lo hacemos en transporte público, requiere un ejercicio de responsabilidad para evitar vernos metidos en situaciones adversas. El momento en el que hay que subirse al tren es el que es y no se va a acomodar a nuestras necesidades. Hay que actuar con madurez y ser consciente de que tenemos que estar en la estación con la suficiente antelación y previendo cualquier acontecimiento que pueda interrumpir nuestra llegada a la terminal ferroviaria.

En ocasiones somos demasiados dependientes de la tecnología. Es una comodidad, que duda cabe, pero hay que tener en cuenta que las baterías que mantienen en funcionamiento estos dispositivos es limitada, mucho más si abusamos de ellos. Probablemente, durante el desplazamiento sea necesario realizar alguna recarga, sobre todo si el viaje va a ser largo. Un cargador o una batería externa es esencial llevarlo encima siempre. Es una simple cuestión de anticipación de las necesidades que vamos a tener.

No está de más disponer efectivo para poder echar mano de él en el momento en el que nos haga falta.

En fin, a una edad como la que tenía este muchacho, divertirse forma parte de la vida, pero asumir las responsabilidades de una persona adulta también.

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