refugio silencioso
refugio silencioso

A lo largo de los años, he descubierto en el senderismo no solo una actividad física, sino un refugio para mi mente y un lienzo en el que capturar momentos de paz. Mi cámara se ha convertido en mi compañera constante, testigo de los paisajes que me invitan a soñar, a imaginar una vida distinta.

A pesar de mi inclinación por la vida urbana y sus comodidades, he cultivado en mi mente la fantasía de un retiro solitario en una casa rural, desconectado del bullicio. La soledad, lejos de ser una carga, ha sido mi aliada desde joven. Me siento completo en mi propio universo, compartiendo mis pensamientos solo conmigo mismo.

En mi última caminata, me aventuré por un sendero tupido, luchando contra la vegetación que se cruzaba en mi camino. Fue entonces cuando encontré un rincón a la orilla del río, un refugio apacible que parecía inaccesible para el resto del mundo. Aquí, en silencio, descubrí una belleza que me hizo anhelar la posibilidad de quedarme allí para siempre.

La calma del entorno, solo interrumpida por el suave murmullo del río y el canto de algún pájaro, me envolvió. Unos minutos en los que la reflexión se volvió mi única compañía. La tentación de permanecer allí se apoderó de mí, pero sabía que era un deseo imposible.

La inevitable realidad de regresar a casa, a la rutina y a la compañía que perturba mi paz, se hizo evidente. La gente con sus comportamientos estereotipados y mentes cerradas me incomoda. Es un escenario al que debo enfrentarme, mi lugar asignado en este mundo.

Mirando hacia atrás, me pregunto si algún día regresaré a ese rincón. ¿Permanecerá igual que en mi memoria? ¿Me brindará de nuevo esa sensación de paz y calma que ahora llevo conmigo? Aunque sé que la vida me obliga a regresar, guardaré en mi corazón la esperanza de que este refugio silencioso me aguarde en algún momento futuro, intacto y dispuesto a regalarme la serenidad que tanto anhelo.

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