Quiero hoy referiros la historia de como un hombre trató de escapar a su destino. De este cuento espero que saquéis la valiosa enseñanza de que a pesar de nuestros esfuerzos, no podremos eludir nuestro sino. Tendremos, en ese momento, que afrontar lo que la vida nos reservaba. Y habremos de arrostrar ese instante con valentía.

Nos hayamos en el mercado de la ciudad de Bagdad. A estas horas de la mañana bulle de gente ocupada en sus quehaceres diarios. Mercaderes anuncian a gritos sus mercancías, mientras curiosos van de un puesto a otro intentando encontrar una ganga para llevarse a casa.

Aquella mañana acudió al lugar Ahmed. Era un hombre de cierta edad que, practicamente durante todas su vida había servido fielmente a un rico mercader llamado Zaguir. Tenía el propósito de hacer la compra y regresar rapidamente a casa. Esa mañana, empero, no transcurrió como otro día cualquiera. Mientras terminaba la transacción que lo mantenía ocupado en uno de aquellos tenderetes, volvió la cara y se horrorizó al ver a la Muerte a su lado. Ambos se quedaron un instante mirándose el uno al otro hasta que, al fin, ésta le hizo un gesto al criado.

Aterrorizado ante aquel inesperado encuentro, regresó corriendo a casa de su amo dejando olvidadas las mercancías por el camino. Llegado a presencia de Zaguir, le suplicó que le prestara su caballo más veloz de la cuadra. Pretendía partir inmediatamente de Bagdad y alcanzar, ya de noche, la remota ciudad de Ispahán. Allí se ocultaría en casa de un familiar hasta estar seguro de que la Muerte se hubiese marchado.

El mercader se apiadó de su criado y le prestó el caballo. Tras una breve despedida, partió hacia la ciudad en la que estaba seguro de encontrar refugio y escapar a su destino.

Aquella misma tarde, Zaguir fue al mercado y, al igual que le sucediera a su criado, se encontró con la Muerte. Acercándose a ella, le preguntó la razón de porque atemorizó a su sirviente.

¿Un gesto de amenaza? -respondió-. No fue una conminación, sino que mostré mi asombro. Me sorprendió ver a tu criado en el mercado, porque esta noche tengo una cita con él en Ispahán.

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