Seguro que os parecerá enrevesada esta frase que me ha servido para titular este artículo. Pero a pesar de ello, encierra dentro de sí una gran enseñanza. Así y todo, nos topamos con esta situación en nuestras vidas más a menudo de lo que sospechamos. La encontré mientras leía un libro. Me llamó poderosamente la atención y quise extraer el significado de lo que, a primera vista, parecía un trabalenguas.

¿Quién no se ha fiado de la palabra de alguien que no sabe o no tiene habilidad alguna sobre lo que está hablando?. Más aún, a menudo te enfrentas a personas que no solo no están cualificadas para dar una opinión sobre un tema particular, sino que además, parten de la base de que lo han escuchado decir a otra persona que, igualmente, tampoco sabe nada de lo que está hablando.

Pues aunque no lo creamos, este tipo de enterados abunda más de lo que podemos imaginar. Esta clase de individuos que intentan compensar sus complejos personales tratando de proyectar una imagen de persona culta que domina sobradamente cualquier tema que tengas a bien proponerle. Y es que les resulta muy difícil decir simplemente: ¡no lo sé!.

Parece sensato no confiar en estos aconsejadores que, por lo regular, te regalan su opinión sin haberlo solicitado.

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