A punto de cumplir cincuenta años, he tenido la oportunidad a lo largo de mi vida de tratar con distintos tipos personas. Unas bienintencionadas, otras en cambio, me quitaron las ganas de volverlas a ver. En la mayor parte de las ocasiones, la interacción ha sido bastante positiva. En las menos, aprendí por las malas valiosas lecciones de cuan hipócritas y destructivas pueden llegar a ser. Pero, sin duda, quien se lleva la palma fue una mujer con una de las personalidades más maquiavélicas que ni en la peor de mis pesadillas podría haber imaginado algo semejante. Afortunadamente no pasó de ser una conocida. Una convivencia prolongada se habría convertido en un infierno.

Las señales de la triada oscura nos dicen que estamos ante un perfil altamente peligroso. Son personas que no dudan en manipular, mentir y saltarse cualquier principio ético o moral para conseguir cualquier objetivo.

Tardé bastante en darme cuenta de sus perversas intenciones. Y acabó convirtiéndose en un ariete para quienes pensaron que manipularme sería algo sencillo. No obstante, debo reconocer que me dejó maltrecho y acabó con muchas relaciones personales que me costaron bastante esfuerzo establecer. No le deseo ningún mal. En cierta forma no deja de sorprenderme su capacidad para mentir y manipular sin sentir apenas remordimientos o sentimientos de culpa.

Cuando la conoces, la primera impresión es engañosa. Esconde una personalidad perversa que solo piensa en ella y en nadie más.

Hay quien comenta que las señales de la triada oscura de la personalidad son semejantes al Triángulo de las Bermudas. Es una trampa tan singular como peligrosa. Este tipo de persona se guía únicamente por fines instrumentales. Cuando desean algo, no dudan en vulnerar derechos ajenos para conseguir sus propios objetivos.

Recuerdo sus interminables llamadas telefónicas en las que, durante todo el tiempo, se dedicaba a hablar de sí misma, autoalabarse y victimizarse. Solo al final, se centraba en buscar la forma de conseguir lo que en ese momento necesitara. Y no la detenía ningún criterio ético. Se sentía muy satisfecha cuando lograba lo que buscaba o encolerizaba si no lo hacía.

No hay mal que por bien no venga. No está de más conocer a este tipo de individuos. Cuando los reconoces, lo mejor es apartarte de ellos lo más posible, puesto que puedes acabar malparado. Son personalidades trastornadas, nocivas, narcisistas rozando la psicopatía. Pero, al final, hay que reconocer que tienen éxito, ya que no son capaces de medir las consecuencias de sus acciones.

Este tipo de personalidades resumen, en esencia, los rasgos más malévolos del ser humano.

En un mundo que vive dándole la espalda a los valores humanos, estas mezquinas personalidades se mueven como pez en el agua. Solo deseo que, si existe justicia kármica en el universo, se le devuelva todo el mal y el daño que ha ido esparciendo a lo largo de su vida. Y si no, pobre de aquel que caiga en sus garras.

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